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26 abril 2009

imperialismo y desinformación

Alta Comisionada D.Humanos denuncia campaña orquestada de desinformación
La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, denunció hoy una "campaña orquestada de desinformación y propaganda" por parte de numerosa prensa y grupos de presión que puso en peligro la Conferencia sobre el Racismo.

Al hacer balance de este foro, que terminará a última hora de hoy, Pillay se mostró satisfecha por el hecho de que fuera adoptado el documento final de esta "Durban II" que reafirma el compromiso internacional de luchar contra el racismo y la xenofobia, pero no ocultó su desagrado con "los medios opuestos a esta Conferencia" y la campaña desarrollada.

En conferencia de prensa, la alta comisionada insinuó que dicha campaña provino de los sectores conservadores estadounidenses y judíos que han encabezado la oposición al foro alegando su carácter supuestamente antisemita.

Algunos estados y medios tacharon a Durban I (la primera conferencia celebrada en Sudáfrica en 2001) de antisemita e incitadora del odio, y luego volvieron a tachar esta conferencia de lo mismo, señaló.

"He tenido que afrontar personalmente una campaña de desinformación... muchos han calificado todo el proceso de Durban de 'festín de odio'. Esto es una grosera exageración. Pero está en todas partes en Internet. Y lamento decir que entre ellos, muchos periódicos importantes, que, por cierto, se negaron a publicar comentarios que les mandé", agregó.

Pillay señaló que "como yo instaba a los países a tomar parte (en la Conferencia) uno de los medios más virulentamente opuestos llegó a hablar de 'la peligrosa alta comisionada de derechos humanos".

"¿Ustedes me ven pinta de peligrosa?, preguntó Pillay, una mujer menuda, sudafricana de origen indio y destacada jurista.

Pillay recordó que el documento final de la conferencia menciona en concreto el Holocausto judío y la necesidad de que no se olvide, lo que era una exigencia de los países occidentales, mientras que los países islámicos "hicieron grandes concesiones, muy difíciles desde el punto de vista político" para lograrse un texto de consenso.

"Sin embargo, y a pesar de que el texto recordaba el Holocausto, la máquina de propaganda ya estaba en marcha para buscar el fracaso de la conferencia, y para llamarla 'festín de odio'", lamentó.

E insistió: "esto es extraordinario. Ninguno de ellos ha escrito la verdadera historia de esta conferencia".

La alta comisionada agradeció al cuerpo de prensa de la ONU en Ginebra su trabajo y "el haber sabido leer a través de la propaganda, incluso enfrentándose, a veces, a editores que, como muchos otros, han sucumbido a la mitología".

Pillay criticó las "exageraciones groseras" y "mentiras" publicadas por algunos medios entre los que sí citó esta vez a "estadounidenses" y denunció también que tres periódicos que negaron a publicar rectificaciones y aclaraciones enviadas por su oficina.

La Conferencia sobre el Racismo comenzó el lunes precedida por la polémica del boicot de los nueve países, que se encendió aún más con un discurso marcadamente anti-israelí del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y la consiguiente reacción.

Preguntada sobre por qué piensa que la campaña de desinformación fue orquestada, Pillay sólo dijo que "hay claves que me dan una idea de cierta orquestación, como el hecho de que sean medios que hablan con el mismo lenguaje y luego la actitud aquí de las ONGs", entre las que citó "una que acreditó a 194 delegados".

Esta ONG, la Unión de Estudiantes Judíos de Francia, fue expulsada ayer de la Conferencia por los desórdenes causados a lo largo de estos días, junto con otras dos ONGs, una judía y otra de disidentes iraníes. EFE

03 abril 2009


Alfonsín y los argentinos

Sinceramente dudé mucho en escribir o no este artículo. Cualquiera que me conozca o me haya leído sabrá (o podrá deducir) que ni fui ni soy un seguidor ni de Alfonsín ni de sus políticas. No obstante y a la luz de lo que ha provocado su muerte, sería realmente deshonesto hacer “silencio de radio” (como muchos convenientemente hacen) en un espacio como este, donde evidentemente, se trata de manera más o menos regular la realidad.


De Raúl Ricardo Alfonsín se ha dicho mucho en estos días, y en realidad más que dar mi opinión quería reflexionar sobre el fenómeno social que ha suscitado.


Es interesante quizás empezar por una reflexión que hizo un conocido periodista de la televisión argentina, cuando oportunamente señaló que el hecho de destacar tanto la honestidad de Alfonsín habla en realidad del deterioro de nuestra clase política, y diría yo, de toda nuestra sociedad: ser honesto (y sobre todo para una persona publica) debiera ser un hecho normal y no algo que sorprenda. En realidad lo de Alfonsín viene a consolidar aquella vieja percepción de nuestro pueblo de que los presidentes radicales son personas honestas: Irigoyen, Ilia, ahora Alfonsín. Esto por supuesto contrastado con la frivolidad menemista, y también porque no decirlo con la saga delincuencial de los noventa (hoy Menem fue confirmado en su procesamiento por la causa de la venta de armas a Croacia).


También se habla de un Alfonsín “demócrata”, y yo creo que lo era, de un “padre de la democracia argentina” que creo que lo era también, si entendemos por padre, no al responsable exclusivo ni fundamental de la vuelta a la democracia, sino del hombre que efectivamente le tocó gobernar y dar los primeros pasos para desandar un poder, una etapa nefasta si las hubo de nuestra historia, cuando ese poder estaba aun en condiciones de amenazar las libertades y los derechos de los argentinos. El juicio a las Juntas Militares, tal como lo ha reflejado la prensa mundial y ya lo recoge la historia, ha sido un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad (si lo vemos desde nuestra actualidad, es decir de la reapertura de todas las causas que habían quedado impunes). Así indudablemente lo percibe el pueblo argentino a pesar de que sabe (y lo dice) que después de esos juicios vinieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Alfonsín es visto hoy como un hombre que no pudo hacer otra cosa ya que peligraba de seguir adelante los juicios la institucionalidad democrática.


Otra cosa que se le reconoce es su voluntad de diálogo y su búsqueda permanente de consensos. Esto obviamente también se contrasta con las vivencias actuales de nuestra democracia, caracterizada justamente por la falta de diálogo y de consenso, por la prepotencia, el personalismo, la soberbia, la falta de valores, el apego incontenible al poder y unas cuantas patologías más, unas más detestables que otra, pero por sobre todo, letales todas para el país. Se puede estar de acuerdo o no con estos juicios, pero no cabe duda que la sociedad argentina (o al menos una parte muy significativa de ella) y la historia lo percibe así: Alfonsín fue el hombre de la esperanza, de la utopía, de la salida de la larga noche del horror. Precisamente por eso su fracaso fue tan castigado al comienzo… lo asombroso es la recomposición tan acelerada de su imagen, creo yo (y lo repito) posibilitada por el exponencial y diametralmente opuesto deterioro de la clase política argentina de la sociedad toda.


Creo que hay cosas ciertas que a veces la dinámica cotidiana nos impide ver, Alfonsín de hecho le tocó enfrentarse a sectores como la Iglesia Católica, las FFAA, las burocracias sindicales y claro está, a un peronismo (o al menos vastos sectores de él) que siempre ha conspirado cuando no le tocó gobernar… y en el caso del gobierno de Alfonsín no queda nadie ya que desmienta el hecho de que fue víctima de un golpe económico, que obviamente (y como no pude ser de otro modo) tuvo su sustento político. El sindicalismo argentino (la CGT concretamente) visto desde esta perspectiva, no puede ser otra cosa que una verdadera lacra, que mientras siga existiendo como existe hoy, y siga ejerciendo su poder como hoy lo ejerce, no habrá democracia en Argentina… obviamente tampoco la habrá con una clase política como la que tenemos, ni con una Iglesia como la que tenemos, ni con una burguesía industrial, financiera, o agropecuaria, como la que tenemos. Alfonsín aparece hoy como víctima de esos poderes, como alguien que aró en la espuma, pero que algo al cabo dejó en el inconsciente colectivo.


Otra cosa que es cierta es que Alfonsín dio pasos acertados en materia de política internacional, de integración latinoamericana (el MERCOSUR concretamente) y de solución de situaciones nada fáciles con nuestros vecinos, como fueron los diferendos limítrofes con Chile y la clausura de la hipótesis de conflicto con el Brasil. Esto terminó con el tiempo convirtiéndose en una política de estado (y esperemos que lo siga siendo) interrumpida o atenuada si se quiere, solamente por el menemnato. Lo que no me cabe duda es que algo cambió en estos días (y los meses me darán o no la razón) y aunque suene irónico (que no lo es) me parece que quizás morirse ha sido uno de los mejores triunfos políticos de Raúl Alfonsín… morirse obviamente hoy, en este contexto, en este memento del país y del mundo…. un contexto que refuerza sus mejores contornos y atenúa sus más claras fallas.


Raúl Alfonsín ha entrado a la historia y creo yo que también a las mejores tradiciones de nuestro pueblo (al menos en su moral), lo que creo es que también nos ha enseñado cuan engañosos son los conceptos de “democracia” y de “cambio” cuando no se tiene en cuenta el tema del poder (no del gobierno). Esa voluntad democrática que se le apunta, esa búsqueda de consenso, es inoperante y hasta suicida, cuando no se tiene en cuenta la naturaleza del estado. Es decir, se puede ser democrático (se debe ser democrático y republicano) pero no se puede pensar, como creo pensó él, que se puede gobernar, cambiar la sociedad, sin perjudicar ni enojar a nadie. La historia de Raúl Alfonsín es, en el mejor de los casos, esa historia… la historia de quien enjuició a los militares y después cedió a muchas de sus presiones… la historia de quien se peleó con la Iglesia y cedió a muchas de sus presiones… la historia de quien enfrento a la burocracia sindical y cedió a muchas de sus presiones… y así pudiéramos seguir sector por sector de la sociedad ya que estoy convencido que esa era su concepto de la política… lo dijo en más de un reportaje con respecto al peronismo y a Menem (como no recordar el Pacto de Olivos)… Alfonsín tenía una visión posibilista del poder, eso que hoy llaman elegantemente “gobernabilidad” pero que no es “gobernabilidad” sino “posibilismo”. Armando Tejada Gómez decía en uno de sus poemas “el que no cambia todo / no cambia nada” y yo creo que básicamente es así… no obstante creo que es justo reconocerle a Alfonsín la parte que le cupo en la historia, y ya por lo pronto lo que pasó e estos días esta en ese haber: gente que en este marco histórico, sigue hablando de democracia, de derechos y garantías, de valores, de patria y de república… todo eso sin dejar de reconocer la frustración, el fracaso, las contradicciones… eso pudiera ser (de mantenerse y consolidarse) un síntoma de madurez de la sociedad y la democracia argentina.